Capítulo 81
¿Ya quitaste los cristales rotos?", preguntó, sonriendo mientras hacía la cama. "Tienes que comer", le dijo él mientras se sentaba en la silla redonda contemporánea. Le hizo un gesto para que se sentara a su lado. "En serio, ya estoy llena", protestó ella, pero él no se movió ni un centímetro. Ella suspiró y dejó caer la almohada antes de unirse a él en la cómoda silla redonda. Él se acercó, haciendo que ella contuviera la respiración, estaba peligrosamente cerca de ella. "O te comes todo lo que hay en este plato o nos quedamos aquí sentados por horas, tú decides". Él sonrió mientras le entregaba el plato. "¿O quieres que te dé de comer?", preguntó y ella sacudió la cabeza enérgicamente que no.
Él le sonrió y recostó la espalda en la silla antes de sacar su teléfono del bolsillo del pecho. Marcó el número de su tía y después de unos cuantos timbres, ella contestó la llamada. "Salamu alaikum, tía? Jam banduna (Buenos días.)" La saludó respetuosamente. "Buenos días jam banduna, muhsin. a fini jam na. (Espero que todos hayan dormido bien.)"
**Dalia** lo miró fijamente sin parpadear mientras sonreía. Él la miró a los ojos y ella se sonrojó bajando la mirada. "Alhamdulillah, tía."
"¿Toi **dalia**? Hokumo miyidi mi vulda be mako (¿Dónde está **Dalia**? Pásame el teléfono, quiero hablar con ella.)" Le entregó el teléfono a **dalia**, quien dudó mirándolo. Él le dio una sonrisa tranquilizadora antes de que ella tomara el teléfono de él y se lo pusiera en la oreja. Habló con calma, con los ojos pegados a su plato para evitar su mirada. Después de que terminaron, la tía terminó la llamada y le devolvió el teléfono.
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Ella entró corriendo al apartamento de **Karima**. Fue directamente a su habitación y la encontró ya vestida para el día. **Amira** se desplomó en la cama, estallando en lágrimas. **Karima** puso los ojos en blanco y siseó.
"¿Ahora qué? Si sigues derramando lágrimas por la gente a la que no le importas un carajo, creo que morirás de un ataque al corazón". **Amira** se sentó, "¿Qué más se supone que haga? ¿Dejarlo? Es mi esposo, **Karima**, ¿qué esperas que haga? Odio a esa chica, la odio. Deberías haber visto cómo se vistió hoy, afirmando que ahora es su esposa y que también es su casa". **Amira** siseó y se recostó en la cama. **Karima** echó la cabeza hacia atrás riendo.
"No me digas que estás celosa... bueno, no te culpo... la chica tiene más sentido de la moda que tú... o sea". **Karima** miró a **Amira** de la cabeza a los pies. **Amira** le lanzó dagas furiosamente y gimió. "Esto no es lo que quiero oír. Necesito un consejo sobre cómo echarla de mi casa. Y es obvio que será fácil, deberías haber visto su cara anoche. Arruiné totalmente su..." Dejó que las palabras se perdieran cuando recordó lo que había encontrado cuando irrumpió en su casa.
**Karima** se cansó de esperar a que terminara la frase y se encogió de hombros. "La única forma de sacar a esa chica es crearle una molestia sin que tu esposo lo sepa. Tortúrala cuando él no esté cerca y amenázala si intenta decirle, porque es obvio que hagas lo que hagas, él no dejará a la chica. Creo que esa es la salida. Intenta todo lo que puedas para que siempre peleen. Acúsala si es posible, ya sabes... acúsala de hacer cualquier cosa mínima que lo irrite".
**Amira** asintió mientras sonreía ligeramente. "Pero, ¿y si realmente se lo cuenta a él, lo que le hago?", preguntó **Amira**. "Entonces no la has amenazado lo suficiente e incluso si él se entera, ¿y qué? ¿Qué es lo peor que podría hacer?". **Amira** volvió a sonreír y asintió con la cabeza. "Ves la razón por la que siempre vengo a ti cuando necesito una solución. Mi madre ahora está totalmente en contra de mí". Soltó una risita satisfactoria y se puso de pie antes de acomodarse el velo. "Tengo que irme a casa ahora, él ni siquiera sabe que estoy fuera". Se despidió de **Karima** antes de salir corriendo de la casa felizmente.
Soltó un suspiro de alivio cuando entró y vio que su coche no estaba allí. Aparcó el coche y salió, dirigiéndose a la casa y encontró a **Dalia** en la sala de estar viendo la televisión, pero se notaba que estaba distraída. **Amira** se burló llamando su atención.
**Dalia** se levantó de un salto, horrorizada. Soltó un largo suspiro agarrándose el pecho. ¿Dónde estaba su mente que nunca escuchó cuando **Amira** entró? "Lo siento mucho, no sabía que habías entrado. Bienvenida". **Amira** le lanzó dagas mientras caminaba más adentro de la impecable sala de estar.
Miró a su alrededor y se rió un poco. "Veo que ya has empezado tu trabajo, ¿novia, o debería decir, sirvienta? El lugar está impecable y huele al incienso quemado que se arremolina por todas partes... Muy satisfactorio. Bueno... de todos modos... ya que tuviste la audacia, tuviste la fuerza y las agallas para entrar en esta casa, te aseguro con tus dos piernas, eso si no te rompo una para cuando termine contigo, que debes salir de esta casa. Simplemente deja de estar emocionada pensando que has conseguido al hombre de tus sueños porque te haré la vida un infierno antes de enviarte fuera, esto, te lo prometo